Nada de rock 'n' roll yanqui con sus melenas y sus jacuzzis adornados con groupies rubias de melones inmensos y bikinis diminutos; rock patrio nacido entre meados y alcohol en algún oscuro callejón, a la salida del cuarto bar de la noche. Ella, embutida en cuero y con la sangre de sus miles de víctimas por pintalabios. Tenía fuego por dentro, tanto, que con su mirada te quemaba, y en la cama explotaba. Había que tener el extintor a mano, porque como prendiera fuego la casa no te pasaba el seguro. Decía que era modelo, y la barra del bar su pasarela, aunque realmente caminaba sobre corazones. Corazones, de todos los ilusos que se habían creído únicos e irremplazables, sin saber que sus tacones nunca fallan. Se conocía todos los baretos de Madrid, y en todos la conocían a ella. No faltaba ninguno que no hubiese pasado por sus piernas, disfrutando de los mejores 30 minutos(con suerte, la mejor hora) de su vida. Ella era la puta, la golfa, la furcia, el pendón, mil nombres y ninguno a la vez. Porque María le parecía demasiado seco, demasiado normal, así que cuando le preguntabas por él simplemente sonreía y te decía que era mejor para ti no saberlo. "¿Por qué?"
- Yo también quiero tener mi propia canción.
